Oráculo

Después de caminar innumerables días finalmente llegó. La gran montaña donde vivía el oráculo se alzaba delante de él.

Cuando entró a la caverna, inmensa por donde se la mire, un frío recorrió todo su cuerpo. En el medio del recinto unas escaleras se alzaban, grandiosas y majestuosas, hasta el gran trono donde una figura lo observaba con ojos profundos.

—Disculpe ¿Es usted el oráculo? —la voz del visitante hizo eco en toda la caverna.

—Por supuesto, de otra manera no estaría aquí.

La figura del trono se veía agotada, cansada. Su voz era rasposa, pero imponente.

—Es que… tenía entendido que el oráculo era… bueno, un unicornio.

—Es verdad lo que dices, pero los poderes que en mí viven, más allá de mostrarme el tiempo sin tiempo, permiten cambiar mi apariencia a voluntad. En esta era, mi elección es la que ves: un centauro.

El visitante asintió un par de veces, aunque estaba convencido que había apariencias más cómodas para estar sentado todo el día.

—¡Oh, Gran oráculo! Vengo desde muy lejos para consultarte por mi pueblo —el centauro comenzó a toser— ¿Oráculo? ¿Or…?

La gran figura del trono se desplomó en el suelo. El visitante, después de unos segundo de incertidumbre, comenzó a subir uno a uno los grandes escalones hasta llegar a la cima. Encontró al oráculo arrastrándose hacia la parte posterior del trono, pero cuando aún quedaban sus patas traseras a la vista, exhaló una última vez y dejó de moverse.

El visitante se acercó y descubrió, para su asombro, que detrás del trono emergía una nueva caverna más grande incluso que la primera. Esta segunda gruta estaba repleta de esqueletos hasta donde llegaba la vista.

Tomó al centauro por sus patas delanteras y con gran esfuerzo lo arrastró hasta el montículo más cercano de cadáveres. No sabía muy bien porque lo había hecho, simplemente parecía lo correcto. Estaba a punto de emprender el camino de regreso cuando uno de los cuerpo en descomposición llamó su atención. Obviamente era el más reciente de ellos: un unicornio.

Cuando emergió otra vez desde la parte posterior del trono, una voz retumbó en la caverna principal.

—Disculpe ¿Es usted el oráculo?

Observó al nuevo visitante desde las alturas. Sacudió sus ropas y sin pensarlo mucho se sentó en el trono.

—Por supuesto, sino no estaría aquí.

—Pensaba que el oráculo era una… hidra.

—Verdad, pero mis poderes del tiempo… ejem, me permiten cambiar mi apariencia a voluntad ¿Y que mejor elección que la de un grifo?

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One thought on “Oráculo

  1. Este cuento lo escribí el Martes 24 de Enero del 2006 para un concurso online que tenía como condición usar algún animal mitológico.
    El cuento no llegó muy lejos en el concurso, pero es uno de mis favoritos.

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