Legado

Esta historia comienza de manera diferente, el final será el comienzo. Pues los tiempos apremian y la historia del pueblo debe permanecer.

El enemigo ha bloqueado todas las salidas posibles. A decir verdad, las únicas dos, la fortaleza en la que nos encontramos fue construida con el fin de resistir, y es por ello que esta entre las montañas de esta cordillera.

Mi nombre es Pioy, soy el escriba de su majestad Kjie, la princesa – guerrera.

El ultimo capitulo del pueblo de Qwer comienza hace cinco lunas, cuando una nube de polvo oscureció los cielos del norte. Un ejército tan innumerable que llegaba al horizonte y la tierra misma marchaba a su paso.

La invasión había comenzado.

No hubo amenazas, ni peticiones. Degollaron salvajemente a los enviados de la reina y se limitaron a esperar. Analizando la fortaleza, pero sin atacar. Al menos por un tiempo.

Su majestad Kjie, organizó la defensa en persona. Y demostró su valentía en la primera luna. Cuando el enemigo intentó atacar los muros externos. Fueron fácilmente aplastados, con simples aceites y fuego. El pueblo se tranquilizó detrás de los muros, pues sintió una victoria fácil y sencilla. Kjie sabía que no sería así.

La siguiente noche la muerte cruzó los muros. Lluvias de flechas envenenadas sisearon los cielos nocturnos durante horas. Diezmando nuestra infantería.

Varias noches consecutivas duró su ataque. Solo cuando la pálida Luna asomaba por el este despertaba la muerte y al desaparecer el último hilo de plata en el oeste, tan misteriosamente como el ataque había comenzado, cesaba.

El corazón de los hombres nobles de Qwer se llenó de terror ante la oscuridad de los invasores que esperaban el momento mas allá de los altos muros.

Se ideó un plan. Vhok, mano derecha de su majestad en las batallas y Rey de su corazón, saldría por el camino del oeste, cruzando la cordillera hacia el sur. Hacia el pueblo de Wzex, a dos lunas de distancia. Juntos los ejércitos de Qwer y Wzex podrían librar batalla justa.

Pero Vhok no regreso. Ningún ejercito vino en ayuda. Y mi señora Kjie se hundió en las tinieblas ante la pérdida.

Sabíamos que era el fin.

A la siguiente luna, una luz destelló en las murallas. Su majestad Kjie en persona, con la armadura de plata de Luna, volvía a comandar la defensa. Jamás se la vio tan decidida, su voz parecía contagiar de ánimo guerrero a todo aquel que la escuchara.

Y la esperanza en Qwer renació.

En el renacimiento de la última Luna, la balanza se puso de nuestro lado. Ante todo pronóstico, un ejército emergió del oeste. Los invasores del norte retrocedieron ante el milagro, pero no atacaron. Siguieron esperando, pacientemente.

El ejército del oeste, comandado por Vhok se acercaba a las murallas. Justo entre el enemigo y la fortaleza. Como una lanza de luz.

Las rampas se abrieron. Pero sólo Vhok pasó a través de ellas. Los jinetes se ubicaron al pie de la muralla, enfrentando al enemigo.

Vhok cabalgó sin interrupciones hasta la presencia de su amada y reina, su majestad Kjie, la princesa – guerrera. Los que presenciamos el encuentro, jamás lo olvidaremos.

Los ojos de su majestad irradiaban lo que su alma sentía. Hasta el último momento, cuando la daga de Vhok se clavaba en su cuerpo y el traidor intentaba huir por la ventana.

La herida no fue mortal, y su majestad fue llevada ante los médicos supremos, bajo la gran montaña.

Vhok logró escapar. Aquellos que lo vieron contaron que su rostro era la cara misma del terror y el dolor. Salto desde la cima de la gran muralla hacia el vacío exterior. Ignora esta cansado cuerpo los motivos y el destino del que fue una vez un gran hombre y guerrero para el pueblo de Qwer.

La herida sanó rápidamente, pero no así su majestad que según manifestó en sus últimas palabras “la traición no se perdona, se paga con la vida del traidor. Pero si se traiciona el amor, ya no hay vida posible”.

Los médicos supremos nada pudieron hacer contra la voluntad de su majestad, Kjie, la princesa – guerrera.

Así es como la luz del pueblo de Qwer se apagó, bajo las entrañas de la gran montaña. Y con ella la esperanza de todo un pueblo.

Las leyes de Qwer establecían un apoderado hasta el surgimiento de su próxima majestad. Día que jamás llegaría para nuestro pueblo.

El enemigo del norte, ahora reforzado por nuestros propios hombres, permaneció inmóvil, dejando que el dolor nos debilitara. Esperando pacientemente hasta la hora precisa.

Tarde nos dimos cuenta del trágico rumbo que el destino nos deparaba. Los invasores no pensaban gastar ni siquiera un puñado de sus hombres.

Desviaron el río Ght, para que su cause se encontrase directamente contra la gran muralla de nuestra ciudad.

Usaron nuestra mayor defensa como arma.

El terreno en desnivel permitió que la muralla actuara como dique. Conteniendo el agua.

El enemigo seguía esperando mas allá. Sus planes eran claros y tarde los habíamos comprendido.

Finalmente el agua rebasó la defensa exterior. La ciudad se inundó lentamente. Aquellos que intentaban escapar eran acribillados con flechas envenenadas. Los que permanecían, morían ahogados.

Pronto renacerá nuevamente la Luna del este, y con ella, el último hilo de vida del pueblo de Qwer. No sé cuantas vidas quedan detrás de las murallas o si soy el único sobreviviente de lo que fue alguna vez, una próspera civilización.

La oscuridad del cielo deja entrever la próxima luz mortecina que nacerá, y con ella moriré.

Puedo sentir el suelo temblar como hace cinco lunas, cada vez mas fuerte, cada vez más cerca.

Dios mío, ahí vienen…

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One thought on “Legado

  1. Este cuento lo escribí el 14 de diciembre del 2005.
    Claramente influenciado por los libros (y las películas) de “El señor de los anillos”. Más específicamente de la batalla en el segundo libro en el Abismo de Helm (Helm’s Deep)

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