Mientras tanto

Desde que encontraron la caja en el ropero del pasillo, Martín y Sofía habían querido jugar con ella. Sabían que sus padres se opondrían, así que hicieron lo único que podían: Esperar.
No pasó mucho tiempo hasta que sus padres tuvieran que viajar por trabajo, y ambos niños se quedaron bajo la leve supervisión de su abuelo. Ni media hora había pasado desde que se marcharon, que el juego ya estaba desplegado en el piso de la sala: un —no muy reluciente— tablero Ouija.

—¿A quien contactamos? —preguntó el niño a su hermana apenas terminaron de sentarse.
—No sé ¿A la abuela?
—¿Te acordás algo de la abuela?
—La verdad que no.
—¿Y como vas a saber que es realmente la abuela? ¡Mirá si es un demonio!

Sofía no había pensado en esa posibilidad.

—Entonces podemos probar con la señora Estela.

Martín abrió los ojos con la más absoluta excitación. La señora Estela era la vecina del piso de arriba, que había fallecido seis meses atrás. Ambos niños tenían un buen recuerdo de ella, e incluso la querían por que siempre tenía galletitas para convidarles.
Estaba decidido: Sería la señora Estela. Pusieron sus dedos sobre la plantilla en forma de flecha y recitaron al unísono:

—Señora Estela, por favor preséntese.

Nada.

—Señora Estela, soy Martín, por favor responda. Denos una señal.

En el exacto momento que terminó de decir aquellas palabras, se escucharon dos golpes provenientes del piso de arriba.
Ambos niños se miraron con una mezcla de terror y entusiasmo.

—¿Cómo está señora Estela?

Pasaron unos segundos en que no se escuchó nada.

—Tenes que hacerle preguntas más simples. En lo posible que se respondan con una palabra. Si o No preferentemente —le instruyó Sofía.
—¿Y vos que sabes?
—Leí las instrucciones en la parte de atrás.

Martín sabía que había perdido esa batalla. Respiró hondo y reformuló su pregunta.

—¿Se encuentra bien? Un golpe si, dos para no.
—¿Golpes? ¿Para que usamos el tablero enton…

Sofía no terminó de reprochar a su hermano que se escucharon dos golpes bien claros.

—Dos es no… —Martín tragó saliva.

Los golpes en el techo comenzaron a repetirse a un ritmo mayor, parecido a un tambor de guerra que se acerca. Los dos niños se miraron y salieron corriendo hacia el extremo más alejado de la casa donde se quedaron abrazados presa del más profundo terror.

—¿Qué…? ¿Qué hacemos ahora? —balbuceó entre lágrimas Sofía.
—Yo no me pienso mover de acá.
—¿Y cuando se haga de noche?

Mientras tanto, en el piso de arriba, uno de los mejores carpinteros del barrio (con más de treinta años en el rubro) cambiaba las maderas del parquet que estaban deterioradas. Con suerte, en menos de una semana estaría listo para que el departamento se ponga en venta.

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One thought on “Mientras tanto

  1. Este cuento lo escribí el 25 de octubre del 2017 para la revista independiente “El triángulo de la Marluza”.
    El cuento fue incluido en el número 11 (que salió en Noviembre) del mismo año.

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