Skotos

El teléfono sonó varias veces antes de que Amanda lo atienda.

—¿Hola?
—Buenos días ¿Señora Amanda Kurgan?
—La misma.
—Un segundo que la comunico.

Una canción horrible comenzó a sonar por el auricular. Un par de segundos después la melodía fue interrumpida por un chasquido metálico.

—Voy a ir directo al grano —dijo la voz sin ninguna introducción— ¿Tiene terminado el reporte sobre el caso Walsh?
—Dándole los últimos retoques. Hoy envío el mail con la nota, sea la hora que sea.
—Perfecto. No falle.

El hombre cortó la comunicación. Amanda no estaba ni cerca de terminar el bendito reporte. Miró la mesa de trabajo: Papeles con anotaciones, gráficos y testimonios por todos lados, tres computadoras abiertas con material en diferentes estados de terminación y una copa de vino a medio llenar.
Iba a ser otra noche larga. Muy larga.
Abrió un cajón medio escondido que había debajo de la mesa y sacó una pequeña botella blanca con un dosificador. Se puso una gota en cada ojo y esperó que la droga haga efecto. Se trataba de una reciente solución de skotos, un médicamente creado para tratar casos extremos de narcolepsia, pero Amanda lo usaba para mantenerse despierta por más tiempo.
Había escuchado casos de personas que habían pasado tres semanas sin dormir gracias a las gotas, pero sus cerebros no lo pudieron aguantar y se volvieron locas. Ella nunca lo usó para estar despierta más de una semana.

—Esa noche es la última dosis, prometido —juró frente al reflejo de su rostro en la pantalla de la computadora.

Tres noches después, Amanda seguía trabajando de corrido. Abrió el cajón de la mesa y sacó el dosificador. Dos gotas en cada ojo y esperó.
En ese momento escuchó un golpe seco, proveniente del pasillo, que la asustó. Cautelosa, se asomó y vio como la puerta del baño se abría unos pocos centímetros para luego cerrarse de un golpe. Intentó relajarse mientras se acercaba para trabar la movediza puerta. Cuando estaba muy cerca, pisó algo extraño. Miró al suelo y descubrió una pequeña llave. Se agachó para tomarla y en ese momento notó que, por el hueco de la cerradura, había un ojo del otro lado observándola.
Amanda gritó con todas sus fuerzas mientras perdía el equilibrio y caía hacia atrás. La puerta del baño se abrió rápidamente y un hombre muy alto comenzó a seguirla. En su rostro tenía, formando una especie de W, cinco ojos que la miraban.
Ella se levantó como pudo y corrió hasta la cocina, tomó el cuchillo más grande que encontró y se quedó esperando a aquella criatura. Pero pasaron los segundos y nada pasó. Muy prudentemente, se asomó al pasillo: Estaba vacío. Aliviada, dio un gran respiro.

—Creo que es hora de parar con las gotas. Esto se me está yendo de las manos.

No terminó de decir las palabras que unos largos dedos la rodearon y, tomándola de las muñecas, le clavaron en el pecho el cuchillo que tenía en su propia mano. Intentó gritar, pero no pudo.
Finalmente perdió el equilibrio y cayó al piso.
Aquel extraño ser se paró sobre ella y la observó con sus cinco ojos. En ese momento la criatura sonrió por primera vez.

Pasó una semana hasta que alguien llamó a la policía alertado por el mal olor proveniente del departamento.
Cuando los uniformados ingresaron, se encontraron con el cuerpo sin vida de Amanda tirado en la sala principal. Sobre la mesa un montón de papeles con garabatos escritos, tres computadoras sin funcionar (una de ellas sin pantalla directamente) y una copa rota. En un costado, un teléfono sin conexión oficiaba de pisapapeles.
Todo el departamento daba la apariencia de haber sido abandonado meses atrás.
No tardaron en encontrar tres baldes plásticos repletos de pequeñas botellas blancas.

Una breve investigación arrojó que no tenía trabajo hacía un semestre, cuando la habían desvinculado por su creciente adicción.
Por otro lado, la autopsia concluyó que las heridas fueron auto-infligidas. Probablemente debido a la inmensa cantidad de droga en su sistema.
Se cree que estuvo alucinando por semanas hasta que cometió suicidio.

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Cuentos Largos

Creé una sección en mi web titulada “Cuentos Largos” donde iré subiendo historias que, por su cantidad de caracteres, me parece que resultan inviables para el formato blog.

Ya está subido el primer cuento “InRAM”.

También es la primera vez que tengo un personaje no binario, por lo que si alguien de la comunidad LGBiT me da su opinión sobre la representación, le estaré más que agradecido.