Comida

Kleh camina junto a su manada, como hace todos los días. Sus pasos son lentos, pues su cuerpo también lo es. En sus seis patas se distribuye todo su enorme peso: Tres de ellas resisten, mientras el resto avanza.

Como todos los días, están buscando alimento: La dulce y tierna Hji. La hierba, que antes se encontraba en abundancia, exige caminar largos trechos para hallarla en esta época de escasez.

Por supuesto que hay otras cosas para comer, pero no son tan sabrosas como el Hji. Kleh sabe, por ejemplo, que la Gbu es muchísimo más nutritiva… Pero es áspera y no tiene muy buen sabor. También está la flor del Cfrty que, si bien es deliciosa, no le alcanza ni para llenarle una muela. Y la cantidad necesaria para saciarlo… Bueno, simplemente le da pereza pensar en todo el esfuerzo que eso llevaría.

El día de hoy han caminado un buen trayecto, pero ninguno de la pequeña manada muestra signos de desgaste.

Kleh se aleja unos momentos del sendero porque ve algunas Cfrty a pocos metros, y nunca se desprecia un bocadillo entre comidas. Cuando está a punto de dar el primer bocado, siente como todo el piso tiembla. Mira en todas direcciones buscando alguna respuesta, pero solo observa que su manada se ha reducido de tres integrantes… A solo dos.

Para el cerebro de Kleh eso no es problema, un animal con su tamaño tiene pocos depredadores y ellos no atacan a la manada, solo lo hacen cuando encuentran alguna víctima solitaria y desprotegida. Pero Kleh está acompañado. No hay peligro.

¿En que estábamos? Ah, sí. La flor de Cfrty…

Kleh abre nuevamente su boca para degustar aquel dulce, cuando la tierra vuelve a temblar. Mira a su alrededor y, con horror, se da cuenta que se encuentra absolutamente solo.

Siente el miedo en todo el cuerpo. El terreno es desconocido y, para colmo de males, hay demasiadas rocas desde las cuales los depredadores pueden atacarlo.

Kleh avanza a pasos rápidos, al menos tan rápidos como su masa lo permite. A los pocos metros siente como el piso tiembla una vez más. Presa del pánico mira en todas direcciones esperando una emboscada: Adelante, detrás, arriba y a los costados. Sus ojos corren de una posición a otra con miedo.

El piso sigue retumbando en un segundo final y Kleh observa resignado como la roca que está a su lado se abalanza sobre él con la boca abierta.

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